Vientos y tempestades

RTM Bolivia Alimento para Alma Leave a Comment

Lectura: Jeremías 4:11-12

“Viento más vehemente que este vendrá a mí.” v.12

En escasa líneas podemos ver dos tipos de intervenciones de Dios cuando, de alguna forma, quiere producir un efecto corrector sobre Su pueblo, sobre nosotros, al fin y al cabo. Se habla claramente de dos vientos, uno que sirve para aventar y para limpiar el trigo, y otro que sopla de forma abrasadora, y que no sirve para ninguno de los dos propósitos anteriores porque es demasiado fuerte para ello.

Este último viene asociado clara y explícitamente (v.12) a una sentencia dictada de parte de Dios contra aquel a quien se envía ese viento. Viene para destruir. ¿Cómo es el viento que aventa y limpia? Es uno que separa lo bueno de lo malo, que lo hace zarandeando, sin duda, pero no que consuma a aquel a quien se le envía. Con él se pretende que avancemos, que crezcamos en dependencia y búsqueda del Señor, pero no necesariamente está asociado a juicio por pecado, sino que forma parte de nuestra vida de fe, para ser probados, que esa fe sea fortalecida y el nombre de Dios glorificado en todo ello. Personas como Job lo sufrieron, pero encontraron con alegría al final del recorrido que el Altísimo no estaba contra ellos, sino por ellos.

¡Qué diferente de ese viento que llega para abrasar y destruir porque Dios tenga algo en contra de nosotros, porque lleva años soportando, que no tolerando, nuestra necedad, nuestra infidelidad, nuestra idolatría y nuestra rebeldía! Que el viento que nos azote no lleve detrás a Dios que nos persigue.

Lidia Martín Torralba, España


Que tu viento para conmigo, Señor, siempre sea de
renovación y no de juicio


  

COMPARTE ESTA MEDITACIÓN