Una nueva vida

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Lectura: Efesios 4:25-32

“Airaos pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo…” v.26

Más que mandamientos o normas, el pasaje de hoy demuestra que la transformación espiritual contribuye a la unidad de la iglesia. La presencia de Cristo en cualquier persona provoca cambios radicales en su conducta. Muchos viven como si estuvieran rodeados de enemigos. Cuando algo les sale mal montan en cólera y alimentan resentimientos que jamás olvidan.

Los que vivimos en Cristo podemos frustrarnos y airarnos, pero no almacenar rencores ni dar demasiada importancia a molestias personales. También es necesario no apropiarnos de lo ajeno ni de lo que no logremos alcanzar con el trabajo honrado. Más que el beneficio personal nuestra razón de vivir debe ser ayudar a otros.

Los que de verdad están en Cristo, obedecen la recomendación paulina de cuidar su vocabulario, sus conversaciones y sus costumbres. Como viajo y visito iglesias en diferentes países puedo testificar que hay muchísimos creyentes —incluso muy jóvenes—, que toman con seriedad su compromiso de fe y muestran un comportamiento ejemplar. Pero ya me preocupa que hay congregaciones donde el ambiente parece un club de entretenimiento y diversión: las maneras, vocabulario y formas de vestir de muchos están dominadas por la vanidad, superficialidad y frivolidad mundanas.

¡Qué tristeza! No dudo que actuando así atraigan a muchos aunque con seguridad será temporalmente. De no ocurrir una genuina transformación en quienes dicen creer en Cristo y amarle, lo que sucederá es una tergiversación del mensaje del evangelio que, en vez de llevar a las personas a una verdadera conversión de vida, les confundirá y alejará definitivamente de una experiencia de salvación.

Alberto I. González Muñoz, Cuba


La iglesia debe ser santa y sin mancha


  

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