Su voz

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Lectura: Juan 10:27-30

“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” v.27

Dios continúa paseándose por el huerto de cada corazón. Y sigue llamando sin obtener respuesta. Un corazón sin oídos no puede escuchar. No por azar el Señor decía a los religiosos de Su época: “El que tenga oídos para oír, oiga”. Él daba por sentado que se puede tener oídos y aun así, padecer de sordera espiritual.

Los oídos del corazón son de tamaño sobrenatural porque saben cuándo es el Señor el que llama. Pero debe estar conectado con el Eterno. Es triste pensar que alguna vez Él nos llamó y no supimos reconocer Su voz. A veces los oídos del creyente están más curtidos para escuchar mejor cualquier otra voz que la de Él. Coleccionamos biblias, pero guardamos escasamente poco de lo que Dios nos dice, retenemos un mínimo de Sus enseñanzas y obedecemos a regañadientes. No más zarza ardiente, ni fuego, ni nube luminosa para reconocer Su voz. Son otros los tiempos para aprender a escucharle y bebernos la tesitura de Su voz. El día que el Verbo se hizo voz, nació la esperanza del mundo.

Para reconocer Su voz hay que conocerlo personalmente, ser uno con Él, vivir en Él, caminar con Él. Sólo una relación íntima con Jesús, permitirá renovarnos la audición y estar alertas a Su voz. Jesús no va a cejar en Su empeño de pasearse por el huerto de tu corazón y llamarte. Conócele bien, desde adentro. Él tiene la palabra, tú el corazón. Escucha Su voz. Verás que cuando le pidas una estrella, Él te va a ofrecer el cielo entero.

Faustino de Jesús Zamora V., Cuba


Conoce a Jesús y escucharás su voz


 

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