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Lectura: Proverbios 23:24-25

“…Y el que engendra sabio se gozará con él.”

El pequeño Leonardo por primera vez cantó una alabanza en público en la campaña de niños de su iglesia. Invitó a su tía, quien desde que era muy pequeño, fue su maestra de educación cristiana. Estaba muy nervioso y emocionado. Mientras cantaba, ella sentía que la buscaba entre la gente e intentó que la viera. Más tarde, Obed, el niño que predicó, al final de su mensaje, públicamente dio una bienvenida especial a dicha maestra con palabras de reconocimiento. Ella, feliz, daba la gloria a Dios.

Al terminar, ella se les acercó para saludarles, felicitarles y agradecerles. Leo aprovechó para preguntarle si lo había visto cantar. Ella le dijo que sí. Entonces, él abrazándola, le dijo: “te busque y no te vi”. Al tiempo la maestra asistió a otra actividad para ver las participaciones de quienes fueron sus alumnos. Pero salió antes de que terminara todo y sin saberlo, se perdió la participación de Joel, su sobrino y también su alumno. Él tuvo unas palabras y aprovechó para reconocerla como una madre para él. Se lo reprochó cuando la vio. Ella lo lamento y le pidió disculpas.

Estas tres diferentes reacciones muestran lo crucial que es estar en cada etapa y momentos especiales con nuestros niños y adolescentes. En especial, ustedes padres. Ellos se dan cuenta y las huellas quedan en sus corazones que los marcan. No permitamos que otros tomen nuestro lugar en ellos, porque nos robarán su confianza y pueden desviarlos hacia el mal.

Alegrémonos y compartamos con ellos, como enseña el proverbio de hoy.

Milagros Escalona, Venezuela


Seamos una bonita huella en ellos, nuestros niños


  

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