Ser agradecidos

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Lectura: Efesios 5:20

“…dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” v.20

Hace algunos años que Dios me libró de un mal físico que me hacía pensar muchas veces en cómo se sentía el Apóstol Pablo cuando hablaba del “aguijón en la carne” que le atormentaba. De tanto en tanto me viene a la mente lo que sufrí y que ya no sufro, y le doy gracias a Dios fervorosamente cada vez que lo recuerdo.

Luego he reflexionado sobre el hecho de que el Señor me ha librado, con toda certeza, de muchísimas cosas que me perjudicaban, aunque no me produjeran dolor físico; cosas más bien de índole espiritual, pero de las que yo no he sido del todo consciente, y doy gracias a Dios cuando me vienen estos pensamientos, y me siento avergonzada porque sé con seguridad que no soy suficientemente agradecida.

La Palabra nos insta a dar gracias cuando oramos pidiendo algo que esperamos recibir pero que aún no se ha realizado. Lo pedimos y damos gracias al mismo tiempo. Si oramos como debemos, como nos enseña la Palabra, con fe, es lógico que demos ya gracias porque estamos plenamente confiados en que lo vamos a recibir porque lo hemos pedido sabiendo que es algo que está dentro de la voluntad de Dios. Pero para hacerlo así tenemos que ser muy sinceros con nosotros mismos y con el Señor, no dudando nada, como nos dice la Palabra en Santiago 1:6, con absoluta confianza, en plena certidumbre de fe.

Ya disfrutamos de la respuesta favorable de parte de Dios, así que ¡demos gracias!

Marta Arenzana, España


Si oramos dudando, no recibiremos respuesta


  

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