Sed de conocerlo

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Lectura: Éxodo 33:17-23

“El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu Gloria.” v.18

La gloria de Dios no es una manifestación física. No es un sentir, no es un éxtasis que cae sobre ti, tampoco es un aura sobrenatural o luz angelical. ¡Sencillamente, la gloria de Dios es una revelación de su naturaleza y atributos!

La experiencia de Moisés con la gloria de Dios demuestra esta verdad. El Señor envió a Moisés a libertar a Israel sin haberle dado una plena revelación de quién era el Dios de Israel. El Señor sólo le dijo, “Ve, y diles que YO SOY te envió”. Yo creo que por eso Moisés clamó, “…Te ruego que me muestres tu gloria.”

Moisés tenía hambre y sed insaciable por conocer quién era el YO SOY por conocer su naturaleza y carácter. Y el Señor contestó la oración de Moisés. Primero, Él le dijo a Moisés que se escondiera en la grieta de una roca. Sin embargo, mientras Moisés esperaba que apareciera la gloria de Dios, el no vio truenos, ni relámpagos, ni temblor de tierra. Más bien se manifestó su gloria de una forma sencilla. Dios revela su poder y gloria con un propósito ¿cuál es? Que Moisés la viera para ser cambiado por ella, y lo mismo hoy se aplica a nosotros, para ser cambiados a la imagen de Cristo.

Una vez se reciba esta revelación el Espíritu Santo nos enseñará más aspectos de su naturaleza y carácter, para que se produzcan tres efectos de ver su gloria: Un cambio en nuestra relación con el Señor, un cambio de nuestro corazón que se refleja en el semblante y un cambio en nuestra relación con los demás.

Myriam T. Barrios, Colombia


Su gloria es revelada a quien la pide y busca
diligentemente


  

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