Rejuveneciendo

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Lectura: Salmos 103:1-5

“El sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila…” v 5

Desde que nacemos, emprendemos un proceso físico inevitable: el envejecimiento. Basta con comparar un niño y un anciano: vamos de la elasticidad a la rigidez, de la tersura de la piel a las arrugas, de la fuerza y energía a la debilidad y el cansancio.

A pesar de que los avances científicos intenten invertir el orden natural, es lo que sucede con todos nosotros. Usted estará pensando “hoy necesito leer palabras de aliento, no de desánimo”. Pues bien, le tengo una buena noticia: si el Espíritu Santo de Dios vive dentro suyo, evoluciona en sentido contrario: rejuvenece día a día.

En palabras del apóstol Pablo “…aunque este nuestro hombre exterior, se va desgastando, el interior no obstante se renueva día a día (2a Corintios 4:16)…”. En la lectura bíblica de hoy, David reconoce la grandeza de Dios, y se recuerda la importancia de bendecir su nombre. Es este mismo Señor el que vive en nosotros, el que aún hoy tiene poder para sanar nuestro dolor, borrar nuestro pasado y hacer de nosotros nuevas criaturas, el que nos hace vencedores ante las circunstancias más adversas, el que día a día nos demuestra su misericordia al salir el sol y nos da razones para “saciar de bien nuestra boca”. Compruébelo.

Tan sólo intente en este día, dejar las quejas a un lado y pensar en las cosas que Dios hace en su vida, las cosas que tiene y las que le permite vivir. Todo es de y para él. Medite en esto, y verá como su boca se llenará de agradecimiento y su corazón será renovado.

Natalia y Diego Viqueira, Argentina


No olvides ninguno de sus beneficios


  

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