Raíces profundas

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Lectura: Salmo 119:17 – 24

“Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu siervo meditaba en tus estatutos.” v.23

El dicho español “ya me puedes decir misa”, muy utilizado en nuestra región, significa que digas lo que digas no me convencerás. Es un argumento frecuente en tertulias y discusiones, especialmente para que uno no se mueva de sus intenciones y pensamientos.

Nuestro mundo está cada vez más plagado de pensamientos inamovibles que valen como castillo para que cada uno se proteja de los argumentos discordantes y se mantenga hincado en su particular verdad. Además, tener acceso inmediato a miles de informaciones de forma instantánea facilita que las personas desarrollen ideas que se presumen cada vez más incuestionables.

Todos quieren ser respetados en sus opiniones y rechazan a los que se oponen. Hay estudios que enseñan que hasta en muchas universidades conocidas históricamente por su diversidad los grupos afines intentan impedir que se difundan pensamientos discordantes. Los príncipes del mundo, una figura que simboliza los que dominan los diferentes medios, se sientan y definen por dónde van los pensamientos.

Diferir de esas convenciones establecidas es casi imposible. Por ello los siervos de Dios sufren, pero saben que la solución está en meditar en los estatutos que la Palabra de Dios nos presenta. En ellos estará nuestra seguridad. Allí estarán los argumentos que nos permitirán mantenernos firmes de cara a tanta profusión de pensamientos e informaciones que pueden confundir a aquellos que desean ser fieles a Cristo.

La misma Biblia que dice que no hay nada nuevo bajo el sol nos orientará a cómo vivir en un mundo conflictivo desde sus comienzos.

Dirceu Amorim de Mendonça, España


En la Palabra de Dios me siento seguro


  

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