Permanencia a toda prueba

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Lectura: 1 Corintios 3:1 – 15

“Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” v.11

En la iglesia de Corinto del primer siglo, pasaba de todo. Un gran problema allí fue la división en facciones; algunos cristianos eran partidarios de Pedro, otros de Pablo, y otros de Apolos. El diagnóstico de Pablo fue contundente: esos cristianos corintios eran inmaduros y carnales. Hasta el presente en las iglesias se nos enseña que debemos crecer, para ser maduros y espirituales, y eso está bien; pero no es tan fácil.

Pablo utilizó las figuras de la construcción y la agricultura para ilustrarlo: unos plantan o ponen el cimiento, otros riegan o edifican, pero cada creyente sobreedifica. Es decir, que cada cristiano debe aprender a andar solo, dependiendo sólo de Dios; aprender a edificar su propia vida cristiana: continuar creciendo, madurando, aprendiendo a ser útil, siendo de bendición. En esa tarea cotidiana de edificar la vida de fe, en ese proceso de crecer, uno puede sobreedificar con cosas preciosas, que glorifican a Dios y permanecen; o con madera, útil para construir un refugio, pero que no permanece; o finalmente con heno y hojarasca, del todo inútiles y que no resisten el fuego de prueba, sea ésta una calamidad personal, la persecución, la burla o la tentación.

Es mejor apuntar a lo que permanece. Cristo dijo que escuchar sus palabras da un cimiento firme (Mateo 7:24). Basarse en la enseñanza de Cristo, conocerla (leer), estudiarla (aprender), y aplicarla (obedecer), edifica la vida personal y de la iglesia, y ayuda a permanecer contra toda tormenta y prueba.

Álvaro Pandiani, Uruguay


Si tu cimiento es Cristo, tu vida será estable


  

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