“No”

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Lectura: Josué 5:13-15

“No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora”. v.14

El centinela estaba nervioso en su puesto de guardia. Su fuerza de élite no estaba esa noche en condiciones de librar batalla; eso incomodaba aún más al guardia. A lo lejos, observa la pesadilla de su guardia: un hombre armado, acercándose; y así se disipaba la posibilidad de dar parte “sin novedad”. El centinela, nervioso, aprestó su arma e intimó: “¡Alto! ¿Quién vive?”

Esta es la situación del texto. Las fuerzas de Israel habían celebrado la Pascua y estaban reposando, puesto que el Señor había ordenado a Josué circuncidar a todos los varones israelitas. Con su ejército momentáneamente incapacitado para el combate, Josué ve a un hombre armado, con espada desenvainada, y le exige identificarse como amigo o enemigo.

Pero este hombre armado no es un guerrero ordinario, no es amigo o enemigo; es Alguien que va mucho más allá de las pequeñas etiquetas en las que clasificamos a las personas; y su respuesta es consecuente: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Es el Príncipe del ejército del Señor, Alguien diferente que exige sumisión total, obediencia total, adoración total, porque es tres veces Santo.

Así Dios llega a nuestras vidas. Lo hace con la espada desenvainada: «No he venido para traer paz, sino espada». Él es Soberano y nuestros inútiles intentos de comprenderle no sirven.

Hoy nos exige lo mismo que a Josué: Sumisión, obediencia y adoración, es lo único posible ante un Dios tan santo, tan temible, tan diferente. ¿Estamos dispuestos a someternos, obedecer y adorar a Dios con toda nuestra vida?

Eduardo Sánchez, Paraguay


La santidad de Dios exige sumisión, obediencia
y adoración


  

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