Luz y obscuridad

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Lectura: 1 Juan 1:1-10

“Éste es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” v.5

Andar en medio de la obscuridad en una calle o en cualquier lugar es poco recomendable y poco sabio. Ponemos en riesgo nuestra seguridad en todos los sentidos.

Puede que lleguemos a nuestro destino, pero si vamos por un camino que desconocemos, casi seguro que tendremos un accidente y saldremos lastimados. Por mucho que se esfuercen nuestros ojos, en medio de la obscuridad, el cerebro hará su parte pero siempre buscará, aunque sea un pequeño rayo de luz para orientarse.

Nuestro interior y vida espiritual también necesita de luz para vivir. La obscuridad espiritual apunta siempre hacia el mal. Lo oculto, lo misterioso o lo depresivo son claras señales de peligro. La luz, en cambio, nos transmite esperanza, libertad y esa sensación de bienestar y seguridad.

Dios es luz y en Él no hay tinieblas. Sin luz no hay vida física, todo ser viviente la necesita. Sin luz espiritual, tampoco es posible vivir. La luz de Dios nos permite tener comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado. Esa es la buena noticia.

Tal vez tu vida está obscurecida por decisiones equivocadas, actitudes destructivas, amistades poco recomendables o vicios que te atan y te llevan hacia la muerte y vacío interior. Sólo en Jesucristo está la respuesta y sólo Él tiene el poder para que tu vida brille y tengas victoria sobre la muerte, las tinieblas y la obscuridad.

Permite a Jesucristo traer luz y seguridad a tu alma.

Laury Rodríguez Jara, España


Dios es luz, Jesucristo es el camino


 

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