Llenando una vida vacía

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Lectura: Juan 4:3-18

“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed…” v.15

La semana pasada me correspondió visitar al dentista. Y mientras esperaba mi turno, que sorpresa fue leer en una revista de salud que el porcentaje de visitas a psicólogos y psiquiatras aumentaba cada vez más en los países que les va mejor económicamente. Ello a pesar de que las personas tienen más riquezas, pero sienten grandes vacíos internos.

¿Que se deduce de lo anterior? Se deduce que existe una sensación de vacío en los corazones de las personas y esto en los diferentes estratos de la sociedad, para lo cual no existe medicina eficaz.

La samaritana junto al pozo es una representación de millones de personas a través de la historia que ha hecho todo lo que han podido para satisfacer sus ansias de realización personal. Solo hay una respuesta para la sensación de vacío que las personas experimentan: Que tengan un encuentro personal con Jesucristo como salvador. No es de extrañar que la samaritana aceptara la oferta de Jesús del agua que saciaría su sed para siempre.

La promesa de la salvación incluye más que eliminar la culpa. Cuando una persona pone su fe en Cristo como Salvador, el Espíritu Santo hace del nuevo creyente, su habitación permanente. Si estamos dispuestos a aceptar lo que hizo Cristo a nuestro favor, entonces podemos experimentar el amor de Dios llenando el vacío más profundo de nuestra alma. La persona que tiene ese vacío debe reconciliarse con Dios. Lo único que puede satisfacer una vida vacía es el amor que Dios ofrece generosamente.

Gabriel Ibáñez, Chile


Cuando se sienta estar hundido, siempre es mejor mirar para arriba


  

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