Lástima, no; Compasión

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Lectura: Mateo 9:35 – 38

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” v.36

Es común oír la expresión “no quiero que me tengas lástima”. Es como una línea cinematográfica que ha pasado al habla cotidiana. Lástima, o pena, o también compasión, son considerados sinónimos, cuando en realidad hay diferencias. La lectura de hoy dice que Jesús tuvo compasión de la gente. ¿Tuvo lástima de las personas? Rechina un poco, porque no son lo mismo, lástima y compasión.

La persona que tiene lástima no hace nada por aquel que le da lástima, mientras que Jesús estaba permanentemente en acción, predicando el evangelio del amor de Dios, enseñando a vivir como ciudadano del Reino, y sanando las enfermedades y dolencias de esas personas. Pero además, la persona que tiene lástima mira desde arriba el dolor ajeno; quien tiene compasión baja al llano, para ayudar. El que tiene lástima quizás hasta agradece su ventaja; el compasivo está dispuesto a compartir la suerte del otro, al tiempo que le ayuda.

Como con aquella multitud mencionada en la lectura de hoy, Jesús se compadece de nuestros dolores y miserias. Y hace más, encomienda a sus discípulos tener compasión. Les recuerda que la mies, es decir, los que andan desamparados y dispersos sin pastor, los perdidos, son muchos; pero los obreros, quienes atenderán las necesidades de ellos, son pocos. Por tanto, se necesitan más personas compasivas, que en nombre de Jesucristo y llenos de Su amor, bajen al llano, compartan la suerte de los sufrientes, y trabajen para aliviar su dolor.

Álvaro Pandiani, Uruguay


Que la mirada compasiva de Jesús sea
nuestra mirada


  

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