La madre naturaleza

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Lectura: Eclesiastés1:4-10

“Lo que fue, eso será, Y lo que se hizo, eso se hará; No hay nada nuevo bajo el sol” v.9

Los salmones nacen y se desarrollan en los lechos de ríos. Pasada su juventud nadan de dicho lugar hacia el mar, donde viven su adultez y desarrollan la mayor parte de su masa corporal. Una vez maduros desde ahí vuelven a los ríos para desovar. Utilizando unos magno-receptores, con asombrosa exactitud localizan la posición general de su río natal, y una vez cerca del río, utilizando su sentido del olfato ubican la entrada del río hasta el lugar exacto de su nacimiento, donde colocan sus huevos y así comienza el ciclo nuevamente.

A propósito de ese ciclo de vida del salmón, me viene a la memoria lo que dice el autor del libro de Eclesiastés quien, disertando acerca de la naturaleza, dice que no hay nada nuevo bajo el sol, pues todo lo que fue volverá a ser: el sol sale, se pone y vuelve a salir por donde salió; el viento gira del sur hacia el norte y girando regresa nuevamente; y los ríos van al mar y no lo llenan sino que de donde nacieron vuelven a fluir.

De modo que al constatar la precisión con la que funciona la naturaleza en dichos ciclos podemos maravillarnos de ella, tanto así que algunos la han llamado Madre Naturaleza. Sin embargo la misma no existió por si misma sino que necesitó un creador. Por tanto, si bien ella es una maravilla, cuanto más maravilloso será Dios que la creó.

Hernán Díaz Castro, Venezuela


Los cielos, la tierra y todo lo que en ellos hay
necesitó un creador: Dios


  

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