La libertad

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Lectura: Juan 8:36

“Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” v.36

¡Qué hermosa palabra, “libertad”!

Siendo adolescente escuché una definición de la palabra libertad que no he podido olvidar: “Uno es verdaderamente libre cuando siempre puede escoger lo que es mejor para él.” Eso está muy bien, pero ¿quién es capaz de saber siempre lo que le es mejor? No estoy capacitada para saber qué será de mí dentro de diez, cinco o un año, ni siquiera mañana; ¿cómo voy a poder decidir lo que me es mejor? Además, cada persona tiene un concepto diferente de lo que es bueno.

Por eso es tan importante lo que dice Jesús. Sólo Él conoce nuestra vida de principio a fin. Él sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros en cada momento, porque ve nuestra vida toda, sea corta o larga.

El conflicto llega cuando nos damos cuenta de que una capacidad maravillosa que Dios nos dio puede ser un dilema. Dios nos creó con libre albedrío, porque nos creó a Su propia imagen, y nos dio la capacidad de tomar decisiones. El problema es que no siempre tomamos decisiones sabias, y nuestro libre albedrío se convierte en un problema. Tomamos decisiones basándonos en la opinión de otros, en las circunstancias que nos rodean, costumbres culturales, etc. Pocas veces consultamos con Dios a la hora de tomar decisiones importantes.

Jesús nos conoce, nos ha creado, se acuerda de que somos polvo. Sabe de nuestras indecisiones y falta de sabiduría, y se ofrece a ayudarnos. Quiere entrar a formar parte de nuestra vida, para ayudarnos a tomar buenas decisiones, para hacernos verdaderamente libres.

Marta Arenzana, España


Dios se acuerda de que somos polvo


  

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