La fe, precioso legado

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Lectura: 2 Timoteo 1:1 – 13

“…trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti”. v.5

En mis tiempos de estudiante, cursé la asignatura “Psicología del adolescente”. Me gustaba y no me fue demasiado difícil aprobarla. Años más tarde fui madre y cuando mi hija llegó a la adolescencia, viví casi las mismas experiencias de las demás madres. Pero pude acompañar los escollos de esa etapa, con la ayuda de Dios y de lo aprendido en mi juventud.

En un viaje misionero, el apóstol Pablo encuentra a un discípulo del Señor. De nombre Timoteo, gozaba del aprecio de los hermanos de la zona. Pronto se incorpora al equipo misionero. Pablo sabe que su partida no está lejana y que el mensaje de Cristo, debe continuar hasta su regreso. Acepta su responsabilidad de transmitir el legado. En dos cartas dirigidas al joven obrero, documenta un instructivo sobre la manera de conducirse en la casa de Dios.

El Apóstol percibe en Timoteo el desarrollo de la fe auténtica. Con la honestidad que lo caracteriza, no pasa por alto nombrar a las personas que primeramente sembraron la fe en su discípulo. Así es que destaca el trabajo docente de su madre Eunice y su abuela Loida. Ellas le transmitieron una profunda confianza en Dios. Esta fe real fue la base sólida que necesitaría para no acobardarse ante las contrariedades, mientras sigue predicando con firmeza el Evangelio a las nuevas generaciones.

Sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 1:6). Ella se fortalece cuando le permitimos al Espíritu Santo que nos ayude a estudiar la Biblia, a meditarla y enseñarla con palabras y hechos.

Alicia Ituarte, Uruguay


Trabajemos por la fe de nuestros hijos


  

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