La escondida

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Lectura: Cantares 1:1 – 8

“No reparéis que soy morena…” v. 6

“La escondida” es uno de los entretenimientos que más disfruté de niña. Solía participar del juego a la hora del recreo en el colegio. Creo que los maestros que vigilaban, disfrutaban también. Consistía en establecer el lugar físico para esconderse. Luego, un niño con los ojos cerrados y mirando hacia la pared, empezaba a contar hasta cierto número. Cuando terminaba, en voz alta decía: “punto y coma, el que no se escondió se embroma”.

Entonces empezaba la búsqueda de los “escondidos”. Esta actividad nos estimulaba física y mentalmente. A muchos mayores, también nos gusta escondernos. Cantar de los Cantares, es un libro poético que registra diálogos de amor entre esposos. En Cantares 1: 6, la esposa hablando a otros dice: “No reparéis que soy morena, porque el sol me miró”. La luz de Dios nos ayuda a vernos, pero muchas veces no deseamos que nos vean otros.

Desde los comienzos, hemos pretendido ocultarnos de la presencia de Dios. (Génesis 3:8) No podemos porque El todo lo ve. Entonces, intentamos escondernos de los demás. Queremos que nadie advierta nuestros defectos y presentarnos solo con cualidades. El Eterno afirma que todos pecamos y estamos separados de su gloria. (Romanos 3: 23). Nosotros diferenciamos las faltas, pero El es categórico y nos dice que todos las tenemos. No obstante, Dios nos presenta la única y efectiva solución para este conflicto. Envió a su Hijo a vivir entre nosotros y a morir por nosotros, mediante derramamiento de sangre.

Quizás estemos tentados a ocultarnos de otros, pero de Dios no será posible. En su amor, proporcionó una solución. Jesús se sacrificó para que su sangre nos limpie y presentarnos limpios ante Dios.

Alicia Ituarte, Uruguay


Cristo nos busca, aún siendo pecadores


  

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