La Compasión

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Lectura: Mateo 9:35-38

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas.” v.36

Aproximadamente 800 millones de personas padecen hambre en los países del sur y más de 1000 millones están desnutridos. Lo triste es que la producción de alimentos aumenta y todos podrían satisfacer sus necesidades alimenticias.

¿Por qué tenemos que seguir hablando de pobreza, hambre, desnutrición y mortalidad infantil? Porque a pesar de lo que proclamamos seguimos ignorando al prójimo y cuando la realidad nos desafía le contestamos como Caín: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

Nuestra sociedad se edifica sobre el egoísmo, la competencia despiadada y el poco interés por las necesidades del otro. Admiramos a los grandes benefactores del pasado como Francisco de Asís, David Livingston o Albert Schweitzer, pero estamos lejos de querer imitarlos. Jesús recorría ciudades y aldeas compadeciéndose de la desorientación, la pobreza, la falta de líderes sociales y espirituales. Se compadecía porque los dirigentes, eran buitres que se enriquecían engañando a la gente y esquilmando al pueblo para vivir en la opulencia.

¿Qué es la compasión? Es un movimiento del alma que nos sensibiliza ante la necesidad del prójimo. No tiene que ver con la lástima o la pena que despierta en nosotros el sufrimiento. La compasión para Jesús y para los cristianos tiene que ver con la acción. Lo contrario es la indiferencia que oculta siempre una actitud egoísta. Cuando el prójimo necesitado está frente a nosotros, el único camino es la acción, contestar con nuestra solidaridad práctica, sabiendo que … la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma.

Cada discípulo de Cristo frente al necesitado no puede pasar de largo. Tiene que pararse, como lo hizo el samaritano, para levantar al prójimo necesitado.

Salvador Dellutri, Argentina


“Ve, y haz tu lo mismo.” Lucas 10:37


  

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