La autoridad del Maestro

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Lectura: Marcos 1:21-28

“Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad.” v.22

La mayoría de los adultos que hemos tenido el privilegio de estudiar, podemos mencionar personas que influyeron positivamente en nuestras vidas a la sombra de las aulas. Podemos citar sus cualidades y las cosas que aprendimos de ellos y prodigarles agradecimiento. Algunos maestros son tan insignes, que es motivo de orgullo haber estudiado con ellos.

Jesús, como maestro, fue un fenómeno de popularidad nunca antes visto. Causaba admiración y asombro en los que prestaban atención a su sabiduría. Se maravillaban y ocasionalmente cuestionaban cómo era posible, ya que Jesús se había criado en Nazaret, un lugar que, en contexto equivaldría a un barrio marginado y de bajo perfil en cualquiera de nuestras ciudades.

Jesús solía enseñar los días de reposo en una sinagoga, (que era el lugar donde los judíos se reunían para rendir culto). El evangelio resalta que Jesús enseñaba como quien tiene autoridad.

Si bien como Hijo de Dios podríamos hablar de una atribución propia de su jerarquía, se trata de una autoridad moral y espiritual reconocida por sus seguidores.

La autoridad de Jesús deriva en poder, aun para acallar al maligno; porque, cuando se está cumpliendo con el propósito de Dios, se presentará oposición, a veces clara, desafiante y abierta.

Para enfrentarla y descalificarla, el maestro ha de contar con poder de influencia y calidad moral.

Se espera que, quienes ejercen la función de maestros, sea como profesión, vocación o ministerio, sean capaces de modelar con sus vidas las enseñanzas que imparten, dejando huellas significativas en sus alumnos o discípulos.

Georgina Thompson, República Dominicana


La autoridad que se gana, vale más que la
que se impone


  

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