Identidad

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Lectura: Efesios 1:3-14

“…para ser adoptados hijos suyos…”

Al confiar y declarar que creemos en lo que Jesucristo hizo en la Cruz por nosotros y en Su resurrección, nuestra vida es transformada, nuestros pecados pasados, presentes y futuros son cancelados, pasamos a ser hijos de Dios, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y como resultado somos “nuevas criaturas” (2Corintios 5:17).

Esta transformación es evidente y los que nos conocen lo notan y no pueden evitar intrigarse sobre qué es aquello que nos ha cambiado. A pesar de las dificultades por las que podamos pasar, nuestro gozo y confianza tienen una sola raíz: JESÚS. Es ahí cuando Satanás trata de llenarnos la cabeza con pensamientos tales como: “acuérdate de lo que hiciste”, “tú vas a seguir pecando, para qué te esfuerzas”, y el más conocido: “todos lo hacen, por qué tú no”.

Eso muy aparte de evitar que salgamos de nuestra depresión, angustia o desesperación. Todo con el fin de frenarnos para no compartir nuestra nueva experiencia con Jesucristo y contagiar a los demás. Porque cuando recibimos a Jesús, cuando lo aceptamos como nuestro Salvador, nuestro gozo es tal que anhelamos fuertemente que los demás también lo disfruten.

Para que Satanás nos toque, tiene que pasar por Cristo y como ya sabemos, Cristo con Su resurrección venció la muerte, el pecado y al mismísimo Satanás. Cristo prometió que estaría con nosotros todos los días (Mateo 28:20) y también nos pidió que lleváramos las buenas nuevas a todo aquel que no sepa de Él.

Confiemos en Él, en Su guía y protección a través del Espíritu Santo.

Nery De Las Casas Berreteaga, Estados Unidos


Estamos con, en, para y por Cristo. Que nada nos
detenga. (Romanos 8:31)


  

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