Guiar a los ciegos

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Lectura: 2 Timoteo 3:16

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar…”

El otro día me fijé en un ciego que iba con su perro guía y pensé que aunque el perro no podía hablar, no obstante, el dueño caminaba confiado, seguro de que su perro le guiaba adecuadamente. Por el contrario, si el perro hubiera ido suelto, al lado del ciego y solo le guiara con palabras, diciéndole “ten cuidado con esto o con aquello”, seguro que el ciego habría ido golpeándose y tropezando continuamente, porque aunque oyera las palabras, no sabría cómo evitar los obstáculos porque no habría nadie sujeto a su mano guiándole. Pienso que a nosotros nos puede pasar algo parecido cuando leemos la Palabra de Dios sin la guía del Espíritu Santo. Nos dice el texto de 2 Timoteo que la Palabra nos instruye, nos da consejos, nos dice cómo debemos vivir la vida, pero a veces leemos como si la Biblia fuera un libro más, o pensando que “debemos” leerla y lo hacemos de manera rutinaria.

Puede que leamos la Palabra, pero si no deseamos y pedimos que el Espíritu Santo la aplique a nuestra vida, no nos servirá de guía. Será como si el nexo de unión que el Espíritu emplea para “conducirnos”, no existiera. Sería como si el ciego que va acompañado de su perro, no lo llevara sujeto por el arnés que es lo que le hace sentir por dónde ir. Necesitamos ser conscientes del Espíritu Santo en nosotros para que Su presencia nos haga saber cómo vivir; leer consejos y escuchar predicaciones es bueno cuando dejamos que el Espíritu Santo los haga reales en nosotros.

Marta Arenzana Ibán, España


Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios


  

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