Gracia inmerecida

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Lectura: Efesios 2:1 – 10

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” v.8

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, es lo que nos distingue del resto de la creación. Creados con la capacidad de tener emociones, voluntad y raciocinio. Un día todos nos apartamos de Dios, nos hicimos inútiles, y ya no deseamos hacer lo bueno, pecamos contra nuestro buen Dios. Desde entonces, nuestras manos y pies fueron engrillados al pecado pasando a ser meramente sus esclavos. El pecado se enseñoreaba en nosotros. No importaba cuánto nos hubiéramos esforzado ni cuantas obras nobles hubiéramos hecho, nada iba a lograr que pudiéramos ir al Padre sin ser consumidos por Su justicia.

Pero el Dios de la creación quien es justo también es grande en misericordia. No habiéndonos dejado en perdición sino que nos proveyó de un cordero perfecto, pero no uno cualquiera, sino a Su propio Hijo, Jesús. A través de Su sangre y sacrificio en la cruz del calvario nos redimió y justificó ante Dios.

Estas son las buenas nuevas; que la ira de Dios nos miraba y exclamaba: ¡JUSTICIA! Pero Su GRACIA y misericordia nos proveía a Su unigénito Hijo para salvarnos en la cruz. De muerte a vida por la grandeza de Su gracia. No olvidemos que por mucho tiempo caminábamos, reíamos y vivíamos pero que en verdad no lo hacíamos debido a nuestra muerte espiritual, debemos dar siempre gracias a Dios por Su amor y misericordia con que nos llamó para darnos vida eterna.

Heriberto Britos, Paraguay


Hablemos siempre con denuedo y pasión las buenas nuevas de Jesucristo


  

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