Fe para vivir

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Lectura: Jeremías 2:13

“…dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” v.13

Leí de un científico que se jactaba ante Dios de poder “hacer” un hombre, y Dios le retó a hacerlo como Él lo hizo. El científico asintió y se agachó para tomar un puñado de tierra, pero Dios le dijo, “Así no vale, tienes que hacer tu propia tierra.”

Vivimos en un mundo empeñado en demostrar que no necesita a Dios. Se han alcanzado cotas de conocimiento como nunca antes: la ciencia y la tecnología han avanzado, se puede clonar personas, se hacen “milagros” en diversos ámbitos cada día y el hombre ha decidido que no necesita a Dios. Y eso, no obstante haber infinidad de carencias, sufrimientos, enfermedades e injusticias, calamidades de toda índole, de las que parece no ser consciente. El hombre de hoy es el cuadro viviente que pinta Jeremías.

Nos equivocamos (pecamos) dos veces cuando pensamos que podemos prescindir de Dios, y además ponemos nuestra confianza en nuestras capacidades. Nunca podrá el barro argumentar con el Alfarero. Se nos olvida que los logros que conseguimos son porque Dios mismo nos capacitó para llevarlos a cabo.

No se puede depositar la fe en cosas perecederas. Estamos acostumbrándonos a vivir una vida mediocre que creemos controlar, de espaldas a Dios, y nos estamos perdiendo las bendiciones de una vida de confianza en el Todopoderoso que, además, nos ama.

Es hora de volver en sí y dejar de intentar almacenar agua en cisternas rotas, cuando tenemos la fuente de agua viva.

Marta Arenzana, España


Somos vanos cuando nuestros pensamientos
son vanos


  

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