En movimiento

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Lectura: Filipenses 3: 12 – 16

“Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta.” vv.13 – 14

Una de las características del mundo es el movimiento; su ausencia es casi una señal propia de la muerte. Hoy distintos estilos de movimiento. Se mueve quien usa un caminador eléctrico; pero por más desgaste de energía que efectúe en él, cuando se detiene se encuentra en el mismo sitio donde había comenzado; no avanzó nada. Se mueven los caballitos de una calesita, yendo siempre hacia adelante; pero como lo hacen en ronda, tampoco avanzan. Caso distinto son los cangrejos; aunque sus movimientos los hacen cambiar de ubicación, no progresan; se mueven en forma lateral. Frente a un estímulo externo, se mueven con rapidez pero de forma impredecible.

El movimiento tiene un correlativo espiritual, en la relación del hombre con Dios y su desarrollo. Curiosamente, el comienzo de la misma es no hacer nada: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”, dice la Biblia (Salmo 46: 10) Además, el individuo debe tratar de cambiar de modo de vida, “no por obras” (acción), sino aceptando por fe lo que Otro (Jesús) efectuó a su favor. Sobre esta base, ahora sí, corresponde moverse “en los pasos de Jesús”, según su modelo de vida.

Aquí calzan justamente las palabras del apóstol. Toma una decisión: “Una cosa hago” Al explicarla, dice que se olvidará de lo ya vivido y se afirmará para proseguir de frente hacia una meta definida: llegar a ser como Cristo. En movimiento, con una buena dirección, hacia una meta excelente. ¿Asumimos su misma decisión?

David J. Corvino, Uruguay


No alcanza moverse; hay que saber a dónde queremos llegar


  

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