El perdón

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Lectura: Efesios 4:31-32

“…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó en Cristo”. v.26

¿Cómo no perdonar si Dios nos otorgó en Cristo un perdón generoso? El perdón siempre es una decisión provechosa. ¿Has leído el relato del encuentro de Jacob y Esaú tras muchos años de separación? Jacob, regresa temeroso y con su conciencia culpable.

Ha enviado embajadas conciliatorias delante de él, temiendo que Esaú le fuera a pasar la cuenta. Se ocupa de proteger a su familia de una posible venganza. Al verlo, se postró en tierra siete veces mientras se acercaba. Esaú sin embargo, corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó, y lloraron (Génesis 33:4). ¡Qué escena! Me conmueven sobremanera las palabras de Jacob a Esaú: …pues he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios (Génesis 33:10).

Nada contribuye más a la unidad en las relaciones humanas —y especialmente entre la familia de la fe—, que el perdón. Sobre todo el perdón generoso que corre al encuentro del ofensor que aun teme y sospecha, le abraza, y se permite la debilidad —si así pudiera catalogarse—, de llorar juntos. En las iglesias, comunidades e instituciones cristianas estamos muy necesitados de ese tipo de perdón, lo cual a todas luces parece contradictorio.

¿No crees? Demuestra que nos falta algo esencial. Debiera ser normal y fácil perdonarnos unos a otros. Más sencillo todavía debiera ser pedir perdón, algo que resulta difícil a quienes creen que ellos jamás ofenden o actúan mal, por lo que pedir perdón les resulta humillante. Siempre debiéramos apresurarnos, tanto para pedir perdón como para otorgarlo.

Alberto I. González Muñoz, Cuba


Estamos más cerca de Dios cuando perdonamos


  

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