El espejo; y el olvido

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Lectura: Santiago 1:22-25

“…es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural…” v.23

En mi infancia fui a pasar las vacaciones de la escuela, a la loma/montaña, donde vivía América, mi abuela materna. Recuerdo que ella tenía un espejo pequeño y rústico, donde solo podía ver su rostro. A diferencia de los espejos en la ciudad, los cuales eran distintos y solían ser más grandes, donde la persona podía ver el cuerpo en toda su longitud. A mi abuela le bastaba ver su rostro. El rostro es el enfoque clave cuando se está frente a un espejo. En el mismo observamos “quien soy; y cómo me veo”. ¿Y luego, qué? Cuando Santiago escribe sobre la magia de verse al espejo y luego olvidar la imagen proyectada en el mismo, es para llevarnos a pensar en las ilusiones propias de la vida, las cuales están muy lejos de la realidad.

Esta ilustración vivida sobre el espejo, se aplica a la persona que solo oye de la Palabra de Dios; y no la pone en práctica. Esta analogía, concreta por demás, nos invita a considerar la conducta que presentamos, frente a lo que escuchamos de Dios. Pensemos por un momento: ¿qué dice Dios sobre el prójimo? Nos dice que lo amemos como nos amamos a nosotros mismos.

Si te amas, cuidas, alimentas, descansas y eso mismo has de hacer con tu prójimo. El gran dilema es, que para oír la palabra, solo bastará poner atención, analizar y realizar conclusiones. Las conductas, además de esto, demandan de la persona un compromiso, un trabajo, desprenderse de actitudes negativas, de recursos económicos, pagar el costo del sacrificio, entre otras características.

Bienvenida González, República Dominicana


Escucha y acciona lo que dice Dios


  

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