Dolor de corazón

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Lectura: Habacuc 2:17-20

“¿De qué sirve la escultura que esculpió al que la hizo?… Mas Jehová está en su santo templo…” v.18a y 20a

Cuando hablamos de la idolatría a menudo nos centramos (esa es parte de nuestra idolatría también) en el idólatra mismo y en su obra, hecha de palo, de oro o plata, inerte en todo caso, inútil al fin y al cabo. Pero Habacuc nos lleva a considerar cómo se siente el corazón de un Dios celoso como el nuestro mientras nos contempla y de nuevo, como cuando Moisés bajó del Sinaí cargado con las tablas de la ley, observa la realidad de un pueblo que no le da Su lugar.

Dios siente. No es uno que no pueda compadecerse de nosotros: ha experimentado el quebranto en el cuerpo de Su Hijo, entregado por nosotros. Es un Dios sufriente: decidió no quedarse en Su gloria, observando sin más. Es un Dios celoso y reacciona con ira santa cuando otras cosas ocupan el lugar que sólo Él debe ocupar. Es un Dios que se goza con nosotros y entre nosotros, se alegra en las alabanzas de Su pueblo. Él es un Dios que también se entristece con la manera en que tantas veces decidimos vivir nuestra vida, fuera o lejos de Él, porque realmente nos ama.

Nuestro mundo emocional, aunque deteriorado por la caída, en esencia es a imagen y semejanza de un Dios que se emociona y lo hace también con y por nosotros. Pensemos en el corazón de Dios, acerquémonos a intentar comprender Su sentir, Su dolor cuando le sustituimos por tantas otras cosas que ni sienten, ni tampoco padecerán por nosotros como Él ya lo hizo.

Lidia Martín Torralba, España


Señor, ayúdanos a alegrar tu corazón en obediencia


  

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