Dios nuestro consuelo

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Lectura: 2 Corintios 1:1-7

“…Padre de misericordia y Dios de toda consolación…” v.3

En una de las ciudades del país, ocurrió un lamentable accidente automovilístico, en el que perecieron carbonizadas seis familiares que iban a otra ciudad a visitar su familia. Según las investigaciones realizadas, al vehículo le fallaron los frenos, saliéndose de la vía, y estrellándose contra un poste del tendido eléctrico, lo que le ocasionó daños al tanque de la gasolina, provocándose un inesperado incendio.

Los bomberos no pudieron sofocar el fuego, hasta que el circuito eléctrico fuera desactivado, ya que el agua expandía la electricidad en vez de controlarla. Una señora conducía el vehículo, acompañada de una hermana, dos hijas, un pariente y una niña de cuatro años. Sus cuerpos quedaron totalmente calcinados. Nadie tuvo la culpa de lo sucedido. Fue una casualidad que a cualquiera le puede suceder. Acerquémonos al sufrimiento que padecieron los que esperaban los visitantes que nunca llegaron, con quienes compartirían, felices momentos de fortalecimiento de la unión familiar, que fuera cambiado en tragedia luto y dolor.

Cuán unidos debemos estar con Dios. No sabemos el día ni la hora en que algunos de nosotros pueda ser protagonista de un accidente como el que comentamos. Debemos estar preparados al cumplimiento de la voluntad de Dios, con los sucesos que nos ocurran, sean buenos o malos.

Pablo dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Hernán González Roca, República Dominicana


Consolemos a los que estén atribulados


  

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