Corazón endurecido

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Lectura: Jeremías 5:23

“No obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron.” v.23

La rebeldía no es un gesto impulsivo o inmediato. En ocasiones puede aparecer en nosotros una reacción ante algo que nos ha sucedido, y podemos contender con el Altísimo momentáneamente, haciendo preguntas aparentemente irreverentes, enfadándonos o protestando como respuesta al dolor. Pero en un corazón que ama a Dios, que no está endurecido, que sigue sensible a Su realidad y Su amor, esta reacción no dura demasiado tiempo. El alma responde, aunque se duela.

Sin embargo, cuando el corazón está endurecido, cuando lleva tiempo deliberadamente ignorando las señales de cerrazón, hablamos de otro tipo de mal. No es ignorancia. La rebeldía es un problema que se ha cocido a fuego lento, y al que no se le ha puesto remedio.

Son varios los signos que nos indican su presencia. La persona es golpeada, y no le duele, no quiere ser corregida, endurece su rostro y no quiere arrepentirse (5:3), siempre actúan como necios, porque aunque conocen el carácter y el camino de Dios, se desligaron de Él (5:4 y 5). Reciben el bien de Dios, pero siguen adorando a otros dioses, niegan al Señor, diciendo que no existe, y tampoco Su juicio sobre ellos (5:12). Tienen ojos, pero no ven; oídos, pero no oyen (5:21). Ya no hay temblor, ni temor delante de Él (5:22), ni reflexionan para recuperarlos (5:24).

¿Cuántas veces nosotros podemos estar aproximándonos o entrando a este estado y ni siquiera darnos cuenta? Si, revisándonos, nos identificamos aunque sea levemente en alguna de estas cosas, es tiempo de detenerse y cambiar de dirección.

Lidia Martín Torralba, España


Hazme ver, Señor, mi propia necedad


  

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