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Lectura: Hechos 4:32 – 37

“Entonces José, a quienes los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé….” v.36

A muchos individuos conocemos más por un sobrenombre que por el nombre que figura en su documento. Alguien de su entorno familiar o de amigos, le califica y luego lo siguen llamando con ese mote. A veces el apelativo consiste en solo acortar el nombre, pero en otros casos hace referencia a alguna característica destacada de su físico o su personalidad.

La Biblia, en el libro de Hechos, nos presenta a una persona perteneciente a la tribu sacerdotal de Leví. Venía de Chipre. Sus padres le llamaron José, pero los apóstoles le pusieron por sobrenombre Bernabé, que significa “Hijo de Consolación”. Era un apodo bastante apropiado, pues este hombre se había sensibilizado con las necesidades de los hermanos. La iglesia se estaba formando con personas de distintas clases socio económicas.

Por el predominio de obreros, esclavos, viudas y huérfanos es que sus comienzos fueron marcados por grandes dificultades económicas. Muchos perdían trabajos a causa de la fe oponente a la decadencia moral de la época. Bernabé mostró con sus acciones su carácter bondadoso. Vendió su propiedad para poner el producto de la venta a disposición de los discípulos. Y su generosidad no se evidenció solo en lo material. Apoyó a Pablo, reciente discípulo de Cristo, cuando la mayoría dudaba de su transformación.

En Antioquía, más adelante, la gente llama “cristianos” a los discípulos de Cristo. Observan en sus acciones muestras de las enseñanzas de Jesús. A veces es bueno hacer un alto en el camino y evaluar qué ven en nosotros los demás. Quizás estemos participando de un grupo cristiano, pero ¿estamos reflejando a Cristo con nuestro proceder?

Alicia Ituarte, Uruguay


Nuestro nombre sea: hijos de Dios


  

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