Apartándonos para meditar

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Lectura: Salmo 104:27 – 35

“Dulce será mi meditación en él; yo me regocijaré en Jehová.” v.34

La vorágine de la vida actual nos arrastra muchas veces, sin darnos cuenta. Hoy el mundo ofrece entretenimiento para todos los gustos: y nos convertimos en esclavos de la tecnología, que, en lugar de ser una herramienta de comunicación, nos aísla de las relaciones personales, de esa conversación cara a cara, y al final consume tanto tiempo en el día, que terminamos sin compartir con nadie, ni siquiera con nuestros cónyuges, con nuestros padres e hijos, y quizá, por cosas que nada aportan a nuestra vida. Es extremadamente necesario apartarnos, estar en silencio en meditación, sin ninguno de estos factores distractores, para orar, para concentrarnos en el Señor, para leer su Palabra y alimentar el espíritu. No perdamos esa comunión con Él, personal, diaria.

Además de ello, también debemos establecer hábitos de lectura de libros que sean de edificación para el espíritu, menos tiempo de televisión, de internet y de videos/mensajes en celulares. Debemos volver al diálogo en pareja, a jugar y hablar con nuestros hijos, a leerles la Biblia cotidianamente. Orar con ellos, pues si hoy no ven esto en nosotros, ¿cuándo lo harán? ¿Cuándo aprenderán? ¿Qué enseñanza recibirán de la televisión, de telenovelas, de videos en Internet, de chistes inapropiados? Si nosotros no influenciamos en los niños y los jóvenes, los de afuera lo harán. Debemos establecer prioridades, y por más que cueste, hacer a un lado aquellas cosas que no glorifican a Dios, pues, hasta nuestro tiempo le pertenece, y debemos rendir cuentas de cómo lo hemos administrado y en qué lo hemos usado.

Luisa Canán, Paraguay


Pidamos sabiduría a Dios, para hacer uso productivo de nuestro tiempo,
dedicándolo a lo verdaderamente importante


  

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