¡Albricias!

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Lectura: Lucas 2:8-14

“… he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” v.10-11

Cuando un pueblo vive a expensa de otro pueblo, no es feliz. Algunos requieren de la tutela para poder sobrevivir; pero, sobrevivir sin la autonomía indispensable para la realización individual y colectiva es un estado indeseable, para individuos y colectivos. Así nos sentimos las personas, como esos pueblos que no pueden realizarse como tales.

Cuando perdemos autonomía nos amargamos, nos frustramos porque deseando ser no podemos, no porque no queramos, sino porque las circunstancias nos lo impiden. Tener expectativas de liberación resulta más que deseable. Sin una visión, sin una estrella que nos guíe hacia el punto de la plenitud de nuestro ser, la vida se vuelve tediosa.

Vivir sin sentir que vivimos carece de sentido. Los seres humanos necesitamos a alguien y a algo por lo cual vivir, con ello le damos sentido a lo que hacemos, a lo que somos. Los judíos vivían con la expectativa del advenimiento de un mesías que vendría para liberarlos, garantizando la plenitud de su existencia. La liberación personal y también social, en términos económicos y en sentido político es más que una necesidad, pero lo es mucho más en sentido espiritual. Al perdonar nuestra falta Dios nos quita un gran peso de encima, nos libera y sentimos que hemos encontrado la vida.

Vivamos en la esperanza de que más tarde o más temprano recibiremos la noticia de que llegó el mesías, el salvador y liberador de nuestras vidas. Que llegue Jesús y con él la tan esperada noticia de liberación personal.

Adalberto Martínez, República Dominicana


¡Son buenas noticias ha llegado el Mesías a Salvarnos!


  

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